jueves, 31 de marzo de 2011

EL RIO GUATAPURI

EL RIO GUATAPURI
El río Guatapurí es un río de la Costa Caribe de Colombia, al norte del país, ubicado en el departamento del Cesar. Nace en la laguna Curigua, en la Sierra Nevada de Santa Marta, a 4.400 msnm y desemboca en la margen derecha del río Cesar, cerca de la ciudad de Valledupar. A lo largo de su curso recibe, entre otros, los ríos Donachui, Curiba, Los Mangos y Mamanqueca. En un descenso de 85 km, su pendiente media es de 20% sus aguas son vertidas al río Cesar cerca de la ciudad de Valledupar.[1] El río Guatapurí en su cuenca media es una corriente de carácter torrencial y corre por un cañón de flancos de fuerte pendiente; se encuentra acorazado por bloques heterométricos de diferente composición pero predominantemente de rocas ígneas.
A su paso por el norte de Valledupar se encuentra el balneario de Hurtado, principal lugar de recreación y diversión de la capital del Cesar. En este mismo sitio se encuentran el Pueblito Vallenato y el parque Lineal. Además, alimenta de agua al acueducto de dicha ciudad.



LA MUSICA VALLENATA Y EL RIO GUATAPURI

Era un día de diciembre. La tarde envuelta entre nubes, se resistía a perder su visibilidad. Francisquillo el Vallenato contemplaba la belleza natural, que posee su entorno. Recostado en un fraylejón empezó a soñar con su música. Los carrizos, tambores y maracas traían un son de chicote y gaita, que le hacían recordar, las danzas de sus ancestros. Esto le hizo reír en silencio. Se sacudió y volvió a la realidad. Se levantó y empezó a descender. Miró desde la sierra y recorrió el verdor de su mundo, que como un tapete celestial le daba un colorido único.

Partió de KURIBA pueblo de siete casas y cercano a la laguna de KURIBATUKUA. Llegó a ZURIBAKA, lugar donde confluyen todos los MAMOS. Bordeando el río Guatapurí, pernoctó en ZURUMUKE, donde vive la casta “DINGULA”.

Con el reflejo del agua pura y cristalina del río Guatapurí, divisó el hato “EL PUERCO”. Tuvo tiempo para visitar varios hatos, que quedan en ese sector.

Al partir de allí, Francisquillo el Vallenato cubrió raudo el trayecto para llegar a MARUAMAKE. Salió de ahí, cruzando una Tarabita, especie de puente de madera y dejándose extasiar por una sabana extensa para llegar al poso del TURUGUMA, sitio sagrado para los indígenas de la Sierra. Se detuvo y después de un receso, decidió encontrar el cruce del camino que lo conduce a ZARACHUÍ. Empezó a contemplar la vegetación y la fauna, que libre se expandía por el territorio que el Dios KAKAZERANKUA, creó para los nativos

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LA LEYENDA DE LA SIRENA
 

Cuentan los abuelos que Rosario Arciniegas, era una niña muy linda y caprichosa, nacida en el barrio "Cañaguate" de Valledupar. Acostumbrada a hacer siempre su voluntad, no hizo caso cuando sus padres, fieles a la tradición, le prohibieron que fuera a bañarse a las profundas aguas del pozo de Hurtado en el río Guatapurí, por ser un Jueves Santo, día consagrado a rememorar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Orgullosa y resuelta, Rosario se marchó a escondidas y al llegar al pozo, soltó sus largos cabellos, se quitó la ropa y se lanzó al agua desde las más altas rocas. Eran las dos de la tarde y, no obstante, el cielo se oscureció y cuando Rosario trató de salir de las aguas no pudo.

Un peso enorme en sus piernas le impedía moverse y como pudo llegó a la orilla donde comprobó, horrorizada, que sus extremidades inferiores habían desaparecido y en su lugar había una inmensa cola de pez. Estaba convertida en Sirena. Bien entrada la tarde, su madre, que suponía donde podía estar, salió a buscarla llamándola por toda la orilla del río. Pero nadie respondió.
Enterado todo el pueblo se sumó a la búsqueda de su cádaver creyendo que se había ahogado, pero en la mañana del Viernes Santo al salir el sol apareció sobre la roca desde donde se había lanzado y a la vista de su familia y de todos los que la buscaban, dijo adiós con la cola y se zambulló por última vez. Dicen que desde entonces la ven y oyen su canto los trasnochadores y los que amanecen por la orilla del río.

EL PARQUE DEL RIO GUATAPURI

El cuidado de  los parques y monumentos de Valledupar
Pero así como registramos complacidos la jornada de limpieza en el río Guatapurí, debemos denunciar y rechazar lo que viene sucediendo con algunos parques y monumentos de Valledupar.
Los parques de una ciudad son referentes fundamentales de la vida urbana, son para el goce de toda la población, pero principalmente para los niños y jóvenes, que allí pueden divertirse, hacer deporte y recrearse de manera sana y gratis, prácticamente. Pero, con mucha tristeza, informamos recientemente lo sucedido con el Parque del barrio Garupal, en donde se realizó un acto musical y algunos de los asistentes al mismo demostraron que poco valoran los bienes públicos.
Las sillas, los columpios y otros juegos infantiles, las canchas deportivas, los árboles y otros elementos de los parques le han costado plata al Estado y a la comunidad, son dineros de todos, y por ello debemos cuidarlos y preservarlos.
En el caso de los parques en el barrio Arizona, al norte de la ciudad, también encontramos actos de vandalismo y mal uso por parte de algunos ciudadanos, a pesar que los vecinos del sector hacen todo lo posible por cuidarlos.
Y así como le exigimos a la administración municipal que invierta en el cuidado de los parques, de una ciudad como Valledupar que no tiene muchos, es necesario requerir de la ciudadanía una actitud preventiva y de cariño y cuidado hacia los mismos. En este caso, además de la labor de la Policía, que sólo es ocasional por la limitación de su personal, se requiere la vigilancia especial de los vecinos más cercanos y de toda la comunidad, en general.
Igual sucede con algunos monumentos de la ciudad, que vienen siendo objeto de los vándalos  e irresponsables que escriben en ellos graffittis, ensuciándolos; además de robarse elementos de los mismos como las lámparas y cables de los sistemas de iluminación. Es lamentable esta situación, producto de la falta de cultura ciudadana y de civismo, de algunos sectores de nuestra población. Pero sabemos que la gran mayoría de los vallenatos quieren sus parques y monumentos, esa gran mayoría debe estar atenta y vigilar y denunciar cuando esa minoría anónima y cobarde dañe nuestros parques y monumentos. Hay que llamar a la Policía y a las autoridades civiles cuando encontremos casos de daño y mal uso de nuestros parques y también afectaciones a los monumentos de la Ciudad de los Santos Reyes. Los parques y los monumentos de la ciudad, así como otros elementos del Amoblamiento urbano son bienes públicos, son de todos y de todos depende su cuidado y preservación.